Devoción al Señor de los Milagros en Arequipa

Cada mes de octubre el Perú se viste de morado por devoción y homenaje al Señor de los Milagros. Durante esos días miles de personas concurren a los templos en los que se venera su imagen y se organizan multitudinarias procesiones.

El Santo Cristo de Pachacamilla o Señor de las Maravillas, como fue conocido en sus inicios, se ha convertido en el centro de la identidad católica del pueblo peruano. Roma, New York, Tokio, son algunos de los lugares donde los residentes peruanos han promovido su culto.

Pintado a mediados del siglo XVII en las afueras de Lima por un esclavo angoleño, y por tanto de origen humilde y marginal; debido a terremotos y sucesos portentosos incrementaron su culto hasta conseguir el reconocimiento oficial y ser declarado Patrón jurado de la capital virreinal el 21 de septiembre de 1715. Luego se fundaría un monasterio cuya comunidad se hizo cargo del cuidado de la efigie. Un nuevo terremoto hizo que se sacase una réplica la cual llevada en procesión por las calles de la ciudad.

A partir de entonces su culto fue en continuo incremento hasta convertirse en una de las procesiones más grandes que hay en el mundo católico. Asimismo, su culto ha sido motivo para la implementación de una serie de manifestaciones culturales que le han conferido gran particularidad.

De allí se irradió a todo el país. A Arequipa llegó a comienzos del siglo XX, pero de manera muy circunscrita. Sería el arzobispo Leonardo José Rodríguez Ballón quien promovió su culto mandando pintar un lienzo que fue entronizado en el templo de San Agustín, desde donde sale en procesión desde 1950, a cargo de una hermandad creada ese mismo año.

En Arequipa, la provincia tiene una connotación propia aunque se adapta a lo practicado en la capital de la república, desarrollándose la celebración con misas protocolares, confesiones y los recorridos procesionales que la realizan seis veces en las mismas fechas del mes morado de octubre; El andar parte del templo principal de San Agustín, también recorren los templos del Pilar, la Merced, el Monasterio de Santa Teresa, la iglesia de Yanahuara, ingresan al Santuario de Cayma y posteriormente retornan al templo principal. Los recorridos usualmente son los mismos cada año y están programadas por la Hermandad del Señor de los Milagros de Arequipa.

En el año 2015 por iniciativa propia la agencia EP viene realizando el proyecto de publicación llamada DEVOCION AL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN AREQUIPA por lo que se viene coordinando todo un plan de trabajo en equipo, en donde están comprometidos investigadores y especialistas en la elaboración de proyectos culturales, en las que en este año 2016 también se le invito a participar al escritor Arequipeño Álvaro Espinoza de la Borda a quien va nuestro respeto y gratitud.

Esperando presentarlo completo posteriormente como proyecto de publicación que permitirá valorar la riqueza cultural de la religión católica, para ello es muy importante y necesario la participación de las instituciones publicas y privadas interesadas con el desarrollo cultural de Arequipa para su financiación económica que se requiera.

Agradecimientos:
A los representantes de la hermandad del Señor de los Milagros de Arequipa, de igual manera al feligrés Víctor Falcón Calderón quien, directa o indirectamente nos permitió realizar nuestro trabajo y a si mismo va nuestro agradecimiento a todos los fieles devotos del Señor de los Milagros en Arequipa, lugar en la que se pudo compartir parte de nuestro trabajo en este fotorreportaje de corte documental.

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Takanakuy el rito simbólico.

En las comunidades de Yavina y LLique de Santo Tomas en la provincia de Chumbivilcas en Cusco es un encuentro anual en la que la violencia se transforma en un rito, un sorprendente exceso que muchos comparan con el Taqui Onqoy y su catarsis colectiva.

Es el Takanakuy, tradición cuya fecha central en este mundo de ganaderos y agricultores llamados Q’orilazos es cada 25 de diciembre las peleas rituales son entre individuos; se convierte en un enfrentamiento entre dos, sea hombre, mujer o niño al ritmo de la hipnótica Waylia, indesligable marco musical de antiquísimas raíces. “Niño, no tengas miedo cuando caiga granizo de piedra o si hay río de sangre, waylia, waylia”.

Negros, majeños y langostas recorren las calles con máscaras de lana (Uyach’ullu), casacas y protectores de cuero sobre sus piernas (Qarawatanas). Encabezados por los respectivos “carguyoq”, encargados de las bebidas y comidas llevándolos consigo a pasar por casa de los familiares; estos sufragan todos los gastos, pero también las adquieren del lugar compartiéndolas con todos sus invitados. Luego se dirigen al ruedo y, sea este una plaza de toros o un círculo de tierra, allí se encontrarán con héroes locales, padrinos con látigo y cientos de espectadores.

Los danzantes de majeños llevan en el torso mantas de seda de vistosos colores. La cara la tienen cubierta con mascaras que expresan y tienen diferente iconografía y colores, que en lo posible mantienen a su portador (danzante retador o contendor) en el incognito. Sobre la cabeza se ponen un chullo y sobrepuesto un sombrero adornado con papel lustre, también de colores brillantes. En los sombreros llevan representaciones simbólicas del sol y la luna, de color oro dorado y plateado respectivamente, acompañadas de estrellas también de color plateado brillante. Usan pantalones con polainas, las piernas cubiertas con canilleras y un chaleco corto. En la cintura, un cinto ancho adornado con diversos iconos. Calzan zapatos especiales para jugar futbol. Este danzante se identifica como "el águila solitario". Los majeños representan a los comerciantes de vino procedentes del valle de Majes y Viraco, que viajaban a estos lugares transportando vino y aguardiente, para intercambiarlos con productos agrícolas y pecuarios.

A su vez los qara kapas (capas de cuero) que representan a los mineros que trabajaban en la época colonial y republicana en la extracción de oro, principalmente en Colquemarca, están vestidos con impermeables negros, cubriendo tanto su espalda como sus piernas con pantalones confeccionados del mismo material. Algunos llevan en la espalda águilas disecadas, zorros, wallatas y otras aves. Los niños también participan vistiéndose como los mayores, imitando a sus padres, en realidad, ambos se llenan de satisfacción y orgullo; es una forma de prepararse en la vida y su futuro.

Los danzantes de la waylia, llamados también "wikchupas" siempre se encuentran enmascarados y disfrazados de "majeños", "qara kapas", "tarukas", "lobos", "zorrinos", "águilas" y "cernícalos". Al tiempo que se desplazan al lugar de la pelea, beben chicha, licor y algunos, cerveza; esperando a sus rivales.

La pelea ritual del takanakuy en el rito de la waylia son protagonizadas por los contrincantes, para resolver sus problemas de amor, de honra y bienes a través de golpes en la que la violencia se transforma en un rito acumulada durante el año.

Momento en el que se traza un circulo casi perfecto. Es la línea que delimita hasta donde puede aproximarse el publico, y concretamente el lugar donde pelearan. Los encargados de arbitrar las peleas los llaman "celadores", tácitamente los respetan, porque ellos hacen guardar el orden y el espacio necesario para que la pelea se produzca a satisfacción de los retadores y contendores.

En los actos de provocación no se sabe quien es quien, "pero entre ellos tratan de reconocerse". Los retadores se ponen al centro del ruedo y llaman a sus contrincantes por su nombre, cuando los devotos o danzantes entran a la plaza, hacen la señal de la cruz y toman un poco de tierra para sobarse las manos e introduciéndose en la boca.

Mientras, las waylias y las del cargo, que se encuentran fuera del circulo comienzan a cantar motivándolos para que salgan a pelear. Entre los contrincantes, esta prohibido propinarse patadas cuando cualquiera de los rivales cae al suelo. Se considera vencedor al que "noquea" o simplemente no desee continuar.

Como puede verse, las versiones referidas por algunos actores sociales se caracterizan porque todos quieren encontrar la verdad a través de la historia; a otros eso no les importa, pues "es la costumbre", dicen; pero tiene las mismas connotaciones simbólicas, principalmente en cuanto concierne al catolicismo popular. Los antropólogos, para hablar de su origen como lo hemos mencionado antes optamos por el significado simbólico que se le da al hecho social y cultural, así como también a los actores sociales que concurren cada año a este rito.

Agradecimientos:
Al Hostal el amigo de Santo Tomas y como también nuestra gratitud a todo el pueblo Chumbivilcano por su participación y hospitalidad. Tiempo compartido con nuestros trabajos en este fotorreportaje documental.